Si yo fuese poeta...
jueves, 19 de julio de 2012
Promete...
Promete que tu mano sostendrá la mía, que tus ojos mirarán a los míos, que tus labios solo temblarán por los míos.
Promete que el cielo nos estará esperando, que la eternidad es suficiente, que tus brazos me añoran.
Promete que tu espera valdrá la pena, que cuentas los días para que esté a tu vera, que tu voz compensará el llanto de mis amados.
Promete que todo le irá bien, que algún día su mal se irá, que lo comprenderá.
Sabes bien que a ti me dediqué en vida, promete ahora que no te separarás de mi. Promete que la oscuridad de donde estamos quedará saciada con la luz de donde vamos.
Promete que mi miedo cesará, promete que mi angustia terminará y que de una vez por todas ésta amarga historia cesará.
Promete que me cuidarás y protegerás, promete e iré a buscarte donde quiera que estés.
Si mi vida ha de terminar... prométeme, dueña de mis sueños, princesa de mis cuentos, que me vas a
esperar.
Si es cierto que me llevas contigo al cielo, que abran las puertas, mas que las cierren tras mi entrada, pues de tus besos no quiero lejos mi alma de nuevo.
martes, 22 de mayo de 2012
Todo y nada...
El mundo en un suspiro, la vida en un acorde, la suerte a la deriva y tu recuerdo llevo por nombre.
La sonrisa en una gota, el llanto en tarro de cristal encerrado, la agonía sigue latente y tu recuerdo palpo entre dientes.
Una mirada perdida entre las nubes, una foto atrapada en algún mueble, unas palabras rugiendo a lo lejos... y tu recuerdo inunda mi reflejo.
Tu silueta marcada junto a mi, tu olor invadiendo mis sabanas, tus caricias llevadas al olvido y tu recuerdo diciendo que tu corazón sigue siendo mio.lunes, 21 de mayo de 2012
¿Quieres...?
¿Quieres oro?, luchalo.
¿Quieres honor?, ganatelo.
¿Quieres respeto?, impartelo.
¿Quieres mujeres?, seducelas.
¿Quieres belleza?, créala.
¿Quieres amor?... renuncia a lo demás.
Tu mismo lugar...
Y al final resultas estar equivocado el día que mas razón creías tener, el día en el que abriste los ojos y sentiste que el mundo era tuyo, que nadie se opondría, que nadie te rechistaría. Pero todo desaparece en la primera bocanada de aliento que alguien suelta delante de ti, y te das cuenta de que sigues siendo el mismo, en el mismo lugar y rodeado de la misma gente.
No te has convertido en nadie importante, y lo duro es pensar que nunca te despertaras siendo especial, sintiendo como fallas una tras otra, y como decepcionas a la poca gente que confiaba en ti.
Sientes como se derrumba todo y como por mucho que luches por algo, siempre habrá otra cosa que pueda
contigo y con tus fuerzas, con tu voluntad y con tu ferocidad, siempre habrá algo que te recuerde que no puedes llegar a ser nadie especial, que seguirás siendo el mismo, ocupando siempre el mismo lugar.
domingo, 20 de mayo de 2012
Por ti...
Por un amanecer a tu lado. Por un mundo a tus pies.Por una sonrisa o un llanto. Por una vida llena de halagos. Por una flor marchita. Por tus ojos, por tu boca, por tu piel. Por llevarte de la mano a cualquier parte, por sentirte cerca mía pase lo que pase.
Por una lágrima compartida,por un segundo de tu sonrisa. Por tus manos, tu rostro, tu cabello malhumorado. Por una tarde aburrida hablando con el olvido. Por un llanto dormido. Por verte cada segundo que el mundo me permita. Por seguirte toda tu vida, aunque sea infinita.
Por besarte en una playa. Por una historia llena de llamadas. Por un día normal entre semana. Por una discusión necesaria. Por que sonrías a cada instante. Por que sueñes con el Sol y que hagas que parezca alcanzable. Por que ilumines mis pupilas.
Por ti, por tu amor, por toda tu vida. Por que llames a mi puerta y te sientas querida. Por un abrazo en un portal. Por una despedida amarga...por un reencuentro eterno.
Por una vida juntos, por un sueño alcanzable. Por una canción de banda sonora. Por lograr lo que siempre soñaste. Por conocer lo que siempre añoraste.
Por teñir de rosa tu vida. Por que creas en el amor y ames al hombre de tu vida.
Por un bostezo, por simplemente pestañear. Por una emoción escondida. Por una palabra que me quieras susurrar. Por un sentimiento descubierto.
Por que me agarres de la mano, por que sepas que nunca te haria daño. Por que entiendas que lucharía por tu vida. Por que comprendas que sin ti moriría.
Por mucho que hablen, por mucho que digan.
Porque estaré a tu lado hasta el último de mis días. Porque paseemos siendo viejos. Por el mejor de los finales de un cuento. Por una historia eterna. Por hacer realidad todos tus sueños.
Porque te seguiré. Porque te amaré. Porque te ayudaré.
Por ti, por tu vida, por tu historia unida a la mia. Por mis palabras vacias.
Porque moriré por darte la vida.
viernes, 20 de abril de 2012
Ayer, cuando tenía dieciséis...
Yo
era un joven de dieciséis años, loco, inconsciente...descerebrado.
Estaba
todo el día fuera de casa, de aquí para allá, sin preocuparme por
nada, sin importarme lo más mínimo los problemas de casa, el dinero
o que mi padre se fuera un par de semanas sin dejar rastro, sin decir
nada.
No
era de lo peor de mi barrio desde luego, pero no me quedaba mucho
para serlo, la verdad.
¿Estudiar?,
¿para qué?, ¿a caso me iba a servir de algo?.
¿Trabajar?,
se estaba más a gusto llegando tarde a clase, sin necesidad de
explicarle nada a nadie, además, mis padres siempre andaban dejando
las carteras a la vista de cualquiera, por ejemplo la mía.
Yo
era un adolescente, y la vida no me sonreía muy a menudo, así que
decidí declararme en su contra en un grandioso acto de rebeldía, y
por consecuencia también volqué mi coraje y furor contra mis
padres, ellos no me comprendían, no lo hacían antes, no lo hacen
ahora y nunca les pediré que lo hagan.
Pero
un día encontré algo que me hizo ver las cosas de otra manera, la
vi a ella, aquella chiquilla de ojos morenos que me robaba el aliento
cada vez que me miraba.
Parecía
mentira, con tan solo dieciséis años ya creía conocer a la
perfección qué era amar a una mujer hasta la locura, hasta la
saciedad.
La
seguí e insistí como nunca lo hubiera hecho por ninguna otra. Torné
toda mi atención en ella, todas mis palabras y todos mis deseos,
hasta que lo conseguí.
Al
fin era mía, me abrazaba, me besaba, me sonreía, me miraba...a mí,
y solamente a mí.
Y
fueron pasando los meses, yo seguía siendo el mismo joven alocado y
rebelde. Seguía con mi vida: los colegas, los cigarrillos, las
peleas en casa...aroma a juventud.
Hasta
que llegó el día, el día en el que me convertiría en un hombre y
ella en la mujer que ahora es.
Llegó
el día en el que pude evadirme por unos minutos de todos los
problemas, de viajar a cualquier sitio sin moverme y sin necesidad de
fumar.
Sentir
el calor de una cama, la pasión de un verdadero amor, la sensación
que puede llegar a provocar en ti una dama, esa satisfacción...
pero de eso ya nunca se habla.
Y
en contra de la máxima autoridad, nuestros padres, fue la mejor
noche recordada, enredados entre las sábanas en aquella fría noche
de febrero. Simplemente perfecto.
Cada
vez fue a más, la siguiente vez más bonita que la anterior... y
cada vez la perfección cobraba un nuevo valor y sentido, el de no
sentirnos arrepentidos porque fuéramos, a la vista de los demás,
tan solo unos niños.
Yo
era un joven de dieciséis años, loco, inconsciente, descerebrado e
ignorante, que no sabía nada de la vida ni de lo dura que puede
resultar a veces, y no había nada que me pudiera preocupar tanto
como para mantenerme en vela todas y cada una de las noches... pero
claro que, eso era hace unos días... antes de que la vida me atara,
antes de que la impactante noticia de que iba a ser padre me llegara.
Amores que duelen...
Sonaban
las teclas del piano sin haber nadie que las presionara, sonaban sin
sonar los pasos que antes retumbaban en aquel lugar y escuchaba el
hombre, tendido sobre el lado derecho de la cama, los susurros que ya
no le susurraban.
En
un intento por recordar, se incorporó, y mirando a través de la
ventana, halló las aún notables marcas que la ambulancia dejó
hacía unas horas en su parcela, bajo la inmensa cortina de lluvia.
Salió
de la habitación a pasear por su antiguo hogar, que ahora, a parte
de la oscuridad, lo inundaba una tremenda amargura.
Dejando
la cama a sus espaldas, a buen recaudo, contempló la cristalera del
pasillo completamente rota, hecha añicos, destrozando también el
sueño que vivía en aquel lugar.
Continuaba,
depositando en cada habitación un antiguo recuerdo, en cada rincón
un lamento, en cada baldosa un sentimiento.
Agarró
sin agarrar la barandilla de madera refinada, y mientras bajaba,
pendiente de cada peldaño, observaba aquel piano de cola que heredó
de su bisabuela y que colocaron en el salón abierto, de cara a la
modernizada cocina.
Cuando
llegó abajo se paró frente a la nueva puerta improvisada, la suya,
su puerta, ya no estaba.
Pisaba
sin clavarse los cristales de los jarrones que la disputa había
resquebrajado en el lugar donde todo comenzó.
Observaba
todos sus libros, descansando sobre el suelo frente a su enorme
librería, la que tanto esfuerzo le había costado crear, donde
guardaba sus secretos, el lugar donde se escondía del mundo, donde
le gustaba pasar las horas.
Se
quedó inmóvil, contemplando la escena. Ni una estampida, ni un
tornado, ni si quiera un gigantesco maremoto habrían podido crear
aquel inmenso desorden, aquel alboroto de hojas, libros y cristales.
Y
al fondo de la escena, intacto, conservado gracias a Dios, su piano.
Se
acercaba lentamente, dedicando cada mirada a su pasado, cada dato a
su recuerdo.
Se
sentó en el banco que estaba situado frente al piano el cual comenzó
a acariciar sin tocar antes de hacerlo sonar.
Después
de tantos esfuerzos, después de dedicar su vida entera a lograr sus
sueños, lo único que le reconfortaba al llegar a casa, era sentarse
frente al piano y escuchar la melodía que salía fruto de sus
propios dedos.
Cuando
terminó, se alejó del piano y de nuevo se posicionó en mitad de la
planta baja, ahora sin prestar demasiada atención al caos de su
alrededor.
Dirigió
una última mirada a sus espaldas y comenzó a subir las escaleras,
esta vez, con mas prisa.
Por
cada paso que daba, recordaba una palabra. Por cada pared que
arañaba, lograba recordar un grito. Por cada habitación por la que
pasaba, y en las que ya no miraba, lograba recordar una lágrima.
Cuando
de nuevo llegó a la entrada de la habitación, lo encontró en el
mismo lado derecho de la cama donde lo dejó unos minutos antes,
tumbado. Una botella de whisky lo
acompañaba, mientras que otras dos se dejaban ver en el suelo,
completamente vacías.
Quizá
la borrachera, o tal vez un verdadero sentimiento de culpa provocaba
en el hombre un llanto eterno, un lamento sin fin, una autentica
agonía.
Y
aun en el umbral de la puerta, contemplando la dramática escena, su
propia mujer muerta.
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