viernes, 20 de abril de 2012

Acuérdate de mi...


Háblame, que yo escucho. Sonríeme, que yo agradezco. Entiéndeme, ya no te conozco.
No pienses que te olvidé, no olvides que como un día te quise, siempre te querré.
No sufras, que yo no sufro. No llores, que aunque no recuerdo, te sigo viendo.

Háblame, sigue conmigo, no me dejes y ayúdame.
Aguanta mis gritos, aguanta mis niñerías, hazme las comidas que siempre me gustaron... y dame de comer.
Ven conmigo al baño, límpiame, se fuerte y paciente conmigo, trágate tu llanto con un suspiro, ninguno de los dos lo quisimos.

Hazme caricias, sigo siendo el mismo niño, ahora más que nunca.
Hazme reír, hazme soñar.
Llévame a la cama y arrópame, acuéstate a mi lado y soñemos juntos que somos jóvenes de nuevo.

Sígueme hasta el médico, agárrame de la mano, no me dejes caer. El suelo ya no me preocupa, ahí ya estuve cientos de veces.
No me sueltes, no me dejes ir a ningún lado, aguanta conmigo, se fuerte.

Visítame, alégrame, dame un beso en la mejilla y haz que me sonroje como si fuera la primera vez que lo hicieras.
Abrázame bien fuerte, ahora más que nunca debes serme fiel.


Sabes bien que yo nunca te hice daño, sabes que jamás te pedí que me protegieras, pero hazlo ahora, sé mi escudo, sé mi alma... que de la mía ya no queda nada.


Deja que pasen los días, no cuentes las mañanas, reza porque no quede mucho, que yo ya no recuerdo ni como se rogaba.


¿Recuerdas aquellos paseos de madrugada?, ¿aquellos cuentos que te contaba?, recuérdamelos tú ahora, no dejes que se vayan con el último pedazo de mi alma.

Siéntate a la vera de mi cama, mírame y dime que me amas.


Háblame, que yo te escucho aunque ya no entienda nada.
Sonríeme, que necesito una sonrisa más de tus labios para que no se me quede vacío el corazón cuando me vaya.
Entiéndeme, que ya no puedo hablarte, que ya no puedo abrazarte, que no me quedan fuerzas para besarte, que ya no puedo ni llorar.

Entiende que fuiste en mi vida lo mas importante, entiende que me diste la alegría cada día y que sin ti todo esto no existiría. Entiende que es por ti por lo que un día besé en la frente a mis nietos. Comprende que trajiste la felicidad a mi vida.

Gracias por ayudarme, gracias por quedarte aquí conmigo. Gracias por ser valiente, por mantener cada día a flote y por pellizcarte las entrañas cada vez que quisieron salir tus lágrimas.

Gracias por haber aguantado, por haber sido fuerte.
Aunque no lo creas, anciana de mi vida, gracias a ti vencimos juntos esta enfermedad.
Aunque veas en mi partida una derrota, entiende que, en realidad, vencimos juntos de nuevo, como de costumbre, como tantas veces hicimos.
Recuerda, chiquilla de pelo blanco, que juntos vencimos al Alzheimer, que juntos vencimos a todos nuestros problemas. Recuerda todos los momentos que pasaste junto a mí.
Recuerda mi perfume en el tiempo. Acuérdate de mi voz en el silencio y de mis besos en la mas agotadora soledad.

Acuérdate de mí, que por mucho que olvide, yo siempre recordaré aquel día en que me enamoré de ti.

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